✨ Un encuentro que cambió mi vida: conocí al griot Ass N’diaye en 1996.
Conocer a Ass N’diaye me dio la oportunidad de
acercarme a la cultura africana. Con el tiempo, compartimos experiencias muy
bonitas e inolvidables.
Durante años organicé talleres de percusión africana en Valladolid, Cuéllar, Burgos… En ellos, muchos jóvenes mostraron gran interés
por aprender a tocar el djembe y el sabar. El entusiasmo fue tan grande que se
produjo un verdadero cambio en el mundo de la percusión en Valladolid.
🎶 De sus talleres surgieron grupos como La Torzida y viajes de alumnos a Cuba.
El proyecto que iniciamos en 1996 al introducir la percusión africana en la ciudad dejó un legado que perdura hasta hoy. Varios alumnos del maestro Ass continuaron vinculados al mundo de la música, la enseñanza, la difusión y la investigación de los ritmos y culturas africanas y de matriz africana. Entre ellos destacan los fundadores del grupo de samba La Torzida, quienes en las clases de Ass descubrieron el ritmo sabar de Senegal —tocado con varios tambores, una mano y un palo— y lo transformaron en la base de su propio proyecto musical. Otros alumnos emprendieron viaje a Cuba, donde estudiaron percusión afrocubana en la Escuela Nacional de Arte de La Habana (Cuba).
También merece la alegría recordar las actuaciones que organicé al griot Ass en locales de Valladolid, todas ellas muy exitosas. Cada vez acudía más público a divertirse y disfrutar de su música alegre, hasta el punto de llenar “La casa babylón” uno de los locales más grandes de la ciudad, con una ocupación de más de 200 personas, en 1998
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| Cartel para anunciar el concierto de percusión africana, impartido por Ass en el pub bailable de música caribeña "El Malecón" (Cantarranas) Valladolid, el 22 de abril de 1997. |
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| Ass N`diaye actuando en la discoteca de música cubana "El Malecón" (Cantarranas) Valladolid, el 22 de abril de 1997. |
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| Sonia Arranz en La Latina, detrás de ella se puede ver el cartel anunciando el concierto de Ass N'diaye. |
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| Ass N`diaye actuando en la cafetería de música caribeña "La Latina" (en frente de la Catedrál) Valladolid, 1997. |
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| Ass N`diaye actuando en la cafetería de música caribeña "La Latina" (en frente de la Catedrál) Valladolid, 1997. Cartel para anunciar el concierto de percusión africana impartido por el griot Ass N'diaye en el pub METROPOLE (Cantarranas) Valladolid, 28 de octubre de 1998. |
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| Ass N`diaye actuando en el pub "METROPOLE" (Cantarranas) Valladolid, 28 de octubre de 1998. |
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| Sonia Arranz actuando con una coreografía de danza africana mandinga en el centro cívico Casa Blanca, junto con Ass y sus alumnos de percusión. |
Durante la organización de los talleres y conciertos de percusión africana de Ass en Valladolid, tuve la oportunidad de presentarle a mi amigo D. PacoDíez, prestigioso músico e investigador del folclore castellano. Paco es fundador del grupo de música tradicional La Bazanca y creador del Aula-Museo Etnográfico de Mucientes (Valladolid).
En una de las estancias de Ass en la ciudad, organicé un encuentro para que Paco conociera tanto a él como a sus proyectos musicales con el grupo Djanbutu Thiossan, formado junto a sus hermanos Mass y Pap. Desde el primer momento conectaron muy bien y surgió una gran sintonía.
Paco invitó a Ass a su estudio de grabación y, durante una tarde, registraron numerosos temas musicales. A partir de entonces, Paco se convirtió en su representante y, durante muchos años, le proporcionó a Ass y a sus hermanos múltiples actuaciones por toda la península ibérica.
Con el tiempo, Paco también trabajó con otros músicos senegaleses como Alboury, Cherifo Ciossokho y Papis Sagna. Sin embargo, todos esos proyectos nacieron gracias a aquel primer encuentro que yo propicié. Fui el puente que unió a Paco con Ass, abriendo así las puertas para que muchos músicos africanos pudieran difundir su arte en España. Convirtiéndome en conectora cultural entre África y España.
Recuerdo que el 5 de marzo de 1999
fuimos Ass y yo a actuar en los Conciertos de La Estufa. En aquella época aún
no tenían el prestigio actual y el público era únicamente la gente del pueblo,
desde los niños hasta los ancianos. El ciclo se celebraba en la antigua
escuela, que todavía conservaba la estufa de carbón —y, por cierto, cuánto se
agradecía su calor—.
Aún guardo en mi memoria cómo los niños se asombraban con los ritmos de los tambores, mientras los mayores disfrutaban con las animaciones de Ass y mis coreografías. Me alegra saber que, con los años, los Conciertos de La Estufa han alcanzado un merecido reconocimiento.











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